Los Sabios sabían de los
sentimientos que tenía por Nae’yei, algo obvio, puesto que son los Sabios. Decidieron
borrar mis memorias... o al menos temporalmente, fui expulsado del instituto,
vagando entre poblaciones, logré encontrar mi lugar en un pueblo pequeño, donde
una familia me dio techo y comida, donde yo, como agradecimiento, ayudaba en
las labores del campo.
Cierto día, parte del ejercito
de Rigwod atacó la aldea, para atemorizar a los hombres de los demás pueblos,
el pueblo no tenia mucha oportunidad de defenderse, puesto que no eran hombres
de guerra, si no de campo. Los pocos que tuvieron el valor de enfrentarles, o
murieron en la batalla, o fueron atrapados... entre ellos, yo.
Iban a llevarnos como esclavos,
pero uno de los Soldados me reconoció, así que me llevaron a una cueva que no
estaba muy lejos del pequeño pueblo. Me encerraron ahí, y taparon la entrada de
la cueva con Rocas. Era muy difícil quitar los montículos con mis ataduras, así
que logré zafarme, y empecé a mover las rocas que obstruían la salida. Movía y
movía y parecía que nunca iba a acabar. Hasta que vi un resplandor de luz. En
un principio creí que era la luz de la mañana, pero al escuchar gritos me
imaginé lo peor... me aceleré más y escapé. Vi con terror el pueblo en llamas,
los habitantes que con tanta amabilidad me habían dado asilo... corrí y corrí
hasta donde me alojaba, solo quedaban ruinas, pero logré escuchar un pequeño
llanto... quedaba la pequeña niña.
Al ver sus ojos llenos de
tristeza, se me fueron entregados parte de mis recuerdos, y vi el engaño que
había sufrido por parte de los Sabios, fue una gran confusión, pero en un
momento mis pensamientos fueron ordenados, tenía cosas por las cuales que
preocuparme, así que tome a la pequeña en mis brazos y salimos del pueblo en
búsqueda de alimento y hogar.
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